
de Helene Hanff
Club de Lectura del IES 'Giner de los Ríos' de León

Y, de acuerdo con la directriz de Carmen, se pensó con más calma en la siguiente. Un autor español, se dijo; con más calado en el lenguaje, se volvió decir. Salieron nombres: Eduardo Mendoza, Belén Gopegui. Todo muy tímido, muy poco decidido. Tomás dice en voz alta que Ana se ha conmovido mucho con la última de Gonzalo Hidalgo Bayal: Campo de amapolas blancas. No se hable más. Y a por ella. Así acabó la sesión, más corta que otras veces pero no menos llena de frescura lectora, compañeros. O eso nos pareció…
Este el libro elegido para la reunión del próximo 3 de Marzo.
Sinopsis:
Para ser inteligente, para creerse inteligente, para sentirse inteligente. Para no estar solo, para estar solo, porque más que solo vale estar mal acompañado aunque mucho se diga que no hay libro malo. Porque hace frío ahí fuera, porque llueve sobre el corazón y gusta ver la tinta sobre los campos de nieve. Para ser entre la gente. Para fumar sin sentirse culpable, para dejar de fumar y las manos no se escapen en busca del aire de nadie.
Para tener un libro de bolsillo en el bolsillo y ocuparse de un mientras, un ya veremos y de un entretanto. Por vista, gusto, tacto, olfato y oído y para saber qué alumbra lo que tanto nos gusta. Por ego y por apego. Para esconderse, para mostrarse, para vestirte, para desnudarte. Porque sí, por si, porque no, para no. Para ser feliz, por no ser feliz, por infeliz. Para andar el camino, para encontrar el camino, para olvidar el camino, para construir un camino, para hacer un alto en el camino. Para no perder el tren.
Por sed, por hambre, por tierra, mar y aire. Para mirarse en el espejo, por reflejo incondicionado, para conocer quién nos habla desde el otro lado del espejo. Por ti, por mí y por ella. Porque queremos ver y que nos vean y sin embargo qué morbo da la “cita a ciegas” (el autor pone la alcoba, el editor la casa, el narrador es el que la luz apaga).
Para ver el humo que avisa donde está el fuego. Porque estar cansado tiene plumas, la avaricia comienza en el dar y porque sólo entonces soy como te quiero. Para tener la libertad que no tiene el solitario. Para pedirte perdón por el daño que me hiciste, echar sal en mis heridas e intentar saber cómo me llamo. Porque puedes estar en misa y repicando, nadar y guardar la ropa, ser Caín y el guardián de tu hermano. Porque si no se las lleva el viento, arden las palabras. Por pié quebrado y tan callado. Para conocer la voz de mi amo y para ver si de una vez alcanzo el silencio. Para ser el enfermo y el psiquiatra. Porque yo no soy como te amo.
Porque el poema es una copa de vino, y se fue, y el mañana no ha llegado. Por punto de partida y de hoja en hoja y leo porque me toca. Porque hay vida más allá del punto y aparte y es sano andar a pie de página. Porque si pierdo la memoria qué pereza. Para ni ser ciego en Granada ni nos obliguen a elegir entre la pena y la nada. Para jugar con fuego y no salir quemado. Porque la letra con letra entra, y sale y vuelve a entrar como beso que no quiere que te calles.
Porque entre todos los libros que he leído nunca he leído aquel entre cuyas letras desfallecieron de amor Paolo y Francesca. Para tirar la mano, esconder la piedra y mojar el pan en sangre ajena. Para que me llames y me ames. Para acabar con la propiedad privada de mis palabras. Porque si echas cuentas te sale a cuento y hasta te sobran dos quijotes y medio sancho. Y por los libros de los libros, mal o bien, pero amén.
~ ~ ~NOTA: Por este artículo, publicado en el diario Público, el 30 de mayo de 2008, CONSTANTINO BÉRTOLO ha recibido el IX Premio Periodístico sobre Lectura que otorga la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. El jurado se decidió a premiar este texto "por su reflexión sobre la lectura como un acto apasionado y contradictorio, donde es posible lo que en la vida es imposible".
Puedes leer aquí otro artículo del mismo autor, (haz click): ‘El editor como crítico frustrado: Constantino Bértolo en el I Encuentro de Crítica y Medios de Comunicación’.




CLUB DE LECTURA "GINER"
2 ª SESIÓN - NOVIEMBRE
Nos hemos vuelto a reunir por segunda vez. Ha sido el 18 de noviembre, de nuevo en la biblioteca del IES Giner de los Ríos, a las 19'30 horas. El otoño está bien entrado ya y todavía ruedan hojas locas por las calles.
Dos noticias importantes: se incorporan cinco miembros más al Club Giner y Carmen lleva una caja de pastas. Ninguna de las dos novedades es desdeñable.
El Club, así, queda constituido por Carmen, Emma, Félix, Choni, Graciela, Manuel, Tomás, Chus, Albina, Lourdes, Bernardino, Yolanda y Charo (y la caja de pastas, mudo testigo siempre tan alerta a lo que decíamos, allí plantada, aún indemne…)
Se habló de la lectura pactada, la novela Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi. Intervenciones múltiples y en todos los sentidos hasta que nos dieron las nueve de la noche. Aquí reproducimos en síntesis lo que dio de sí:
Graciela abrió el fuego haciendo observar el tono entristecido de muchos elementos del libro: el propio personaje, la ciudad de Lisboa, las descripciones… Saudade, saudade… Parece ser que esos datos orientarían decisivamente la lectura.
Pero pronto apareció el asunto de la voz narradora ("¿de dónde viene esa voz que narra, quién es ese que siempre comienza así "Sostiene Pereira…?", sostuvo Félix. Se opinó de todo. Hubo incluso quien pensaba que Sostiene era el nombre propio de Pereira (risas de todos).
Se estuvo en principio de acuerdo en que quedaban cosas colgando, sin determinar, lo que hacía perder verismo a la narración. Hasta que Bernardino hizo reparar en el epílogo que Tabucchi añade, y que resolvería el detonante de la gestación de la novela: una experiencia personal que el autor no olvidó. Añadamos a eso el subtítulo de la propia novela (Una declaración) como explicación de esa forma de contar en diferido. El asunto dio para bastantes intervenciones.
Sostiene Bernardino que la novela es abierta desde el momento en que aparecen tantos autores como pretextos (Maiakovski, Daudet, Balzac, Pessoa…) Eso parece querer arrastrar al lector a otras escrituras. Él lo demuestra y trae el relato de Daudet que Pereira reseña en su periódico. Lo lee. El final ("Viva Francia") está en conexión –sugiere Tomás- con la resolución del protagonista de huir a ese país.
Los personajes de la novela. Graciela reparó en Cardoso, que le parece el verdadero motor del cambio de actitud de Pereira. Para ella, el más interesante. Carmen planteará que quien le parece jugar ese papel en la sombra es Marta, la verdadera activista. Monteiro en cambio es –sostienen Chus, Bernardino, Emma- un hombre sin demasiada personalidad: un "chapuzas", como su primo Rossi, rematará Bernardino. "Un cantamañanas", apostilla y sostiene Félix.
Sostiene Manuel que es interesante observar de continuo esa doble visión de la realidad en un régimen opresor como era Portugal en 1938. El periodista se entera de lo que ocurre más por los personajes (camarero, señora del tren…) que por cauces más oficiales. Todos convinimos en que eso era natural. Bernardino sostiene que es lo típico de cualquier dictadura: el alienamiento individual, la pérdida de identidad, etc.
Tomás sostiene esta otra observación: Pereira necesita "confesores" con que desahogarse para pedir consejo… Primero, el retrato de su mujer (o sea, un muerto); luego, un cura, el P. António; por último, el médico Cardoso, que le pide que "frecuente el futuro". He ahí la evolución del personaje de Tabucchi.
Hubo otros aspectos sobre los que planteamos más o menos opiniones personales. Charo y Yolanda merodean en torno a la actitud de Pereira antes del desencadenante de la acción: ¿Qué impele a actuar a Pereira? ¿Por qué antes no? ¿No se enteraba de lo que estaba pasando? ¿Le daba igual? ¿Era cobardía? ¿Conformidad? Se plantea una discusión sostenida [sic] sobre el asunto.
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En torno a las nueve de la noche se levanta la sesión (y, por fin, la tapa de la caja de las pastas) no sin antes acordar buscar un libro que no esté en el contexto de las dos lecturas hasta ahora tratadas (El lector y Sostiene Pereira). Estuvimos de acuerdo de inmediato en postergar la lectura prevista (El hijo del acordeonista, de B. Atxaga). Tras barajar títulos –siempre narraciones-, Graciela propuso como lectura para el 9 de diciembre un libro reciente: La lámpara de Aladino, de Luis Sepúlveda. Aceptado todo por unanimidad, con un sí colectivo sulfatado por miguitas de pastas a diestro y siniestro… Y ese fue el colofón. Luego, el vino en el bar cercano de Rosi (no, no de Monteiro Rossi).
Hasta el día 9 de diciembre, compañeros lectores /-as del Club Giner.
NOTA: Bernardino ha encontrado el cuento de Daudet que Pereira traduce del francés en la página (haz click:) Ciudad Seva.